jueves, 16 de abril de 2015

Pregón Taurino de Sánchez Dragó


El escritor Fernando Sánchez Dragó pronunció, el Domingo de Ramos el tradicional Pregón Taurino de Sevilla en el Teatro Lope de Vega con el que se abre la temporada taurina de Sevilla.

(EFE).- El escritor Fernando Sánchez Dragó ha rendido hoy un homenaje a la fiesta taurina y a la figura del matador, que, “cuando vence al toro -ha dicho-, nos enseña a vivir”, pero también a morir, si es el animal quien lo hace y el torero fallece “en la arena o en el hule”.

Un recorrido literario, personal y vital ha servido a Sánchez Dragó para pregonar la fiesta de los toros en el teatro Lope de Vega de Sevilla, un acto tradicional que organiza la Real Maestranza de Caballería en colaboración con el Ayuntamiento hispalense para dar el pistoletazo de salida oficial a la temporada taurina.

El escritor soriano, que ha sido presentado por el periodista Ignacio Camacho, ha destacado que la tauromaquia, como parte esencial de la historia, la cultura y la vida española, impregna “nuestro modo de hablar, de escribir, de pensar y hasta de existir”, ha asegurado.

Tras la interpretación del pasodoble “Suspiros de España” a cargo de la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla, el pregonero subió al escenario y se persignó al llegar al atril del Lope de Vega antes de “enfrentarse” al público que llenaba el teatro admitiendo que es un “un hombre descreído” y que hace más de cincuenta años que no se santiguaba.

“No hay, a mi juicio, suficientes palabras en el diccionario ni en todas las páginas escritas por todos los autores premiados con el Nobel para describir la belleza, la hondura, la emoción y la pedagogía, ética y estética de ese sacramento que es la corrida de toros”, ha subrayado el escritor, que citó a San Isidoro de Sevilla para definir la etimología de la palabra “afición”.

La evocación de la España negra de Jardiel Poncela, “los muertos siempre salen a hombros”, sirvió para arrancar las primeras sonrisas, pero el pregonero terminó de “meterse al público en el bolsillo” al recordar una conversación con Curro Romero en la que el camero admitió que sólo había montado una vez en metro y en la ciudad de Londres.

La anécdota sirvió para evocar la figura del Faraón de Camas y la definición que sobre él hizo el crítico taurino y escritor costumbrista Antonio Díaz Cañabate: “Viene pidiendo poetas”.

“No seré yo quien lo corrija. Va por usted, maestro, si estás en la sala. Y si no, también. Quien te hizo rompió el molde de la torería. Abril en Sevilla es menos abril desde que tú te fuiste”, ha proseguido al aludir al torero retirado hace unos años.

La narración de un accidentado pregón taurino en la plaza de Las Ventas -el único que había pronunciado antes- también arrancó carcajadas, pero Sánchez Dragó ha retomado un tono más serio, casi emocionado, para señalar: “Este pregón es un canto a la amistad, a la fraternidad y la bondad. Tres virtudes propias del toreo, de quienes lo practican y de quienes, como nosotros, gustan de él y con él que se emocionan”.

Y es que, para Dragó, la tauromaquia es, entre las Bellas Artes, “la de mayor rango, puesto que en su órbita giran todas las demás: la pintura, la escultura, la literatura, la música, el teatro, la danza e incluso la arquitectura”, a lo que ha añadido: “Además de arte es también escuela de valentía. Algo que los españoles siempre han apreciado”.

El escritor ha evocado un país, el de su infancia, “donde los niños jugábamos al toro”, algo que no hacen “los niños de ahora”, que “prefieren el fútbol, que será muchas cosas, pero desde luego no es arte ni valor”.

Tras evocar los primeros recuerdos taurinos de su niñez, unidos a la muerte de Manolete en 1947, ha retomado la idea de la ética del torero, que sobrepasa a las demás artes, “porque se juntan en él la representación de la realidad y la representación del ideal”.

Pero el pregonero se ha emocionado visiblemente al leer la columna que escribió tras la excursión realizada a la localidad francesa de Nimes para la triunfal encerrona de José Tomás el 16 de septiembre de 2012, un espectáculo que finalmente no pudo presenciar porque el nacimiento de su último hijo le obligó a tomar un avión de vuelta.

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